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La migración es
un fenómeno mundial cada vez más difundido. Aunque
impacta positivamente en el crecimiento económico de las
naciones en vías de desarrollo, sus efectos pueden tener
amplias y devastadoras consecuencias para el tejido social de una
nación. La gente migra en busca de empleo, para escapar la
opresión política o desastres naturales, o debido
a la violación de sus derechos humanos y civiles, entre otras
razones.
Por un lado, la migración
es un agente del desarrollo que contribuye de forma indirecta a
la paz y seguridad mundiales, ya que proporciona oportunidades a
los países receptores de remesas que tienen consecuencias
en las ganancias de los pobres e influyen en los resultados de salud,
canalizan nuevos conocimientos y aumentan la diversificación
de capacidades de los emigrantes.
Por el otro lado, la
migración plantea retos ya que tiene un impacto negativo
para la capacidad humana, por ejemplo en la prestación eficiente
de servicios, haciendo que los países receptores dependan
de un crecimiento inestable y no institucionalizado que puede ser
de corta duración, a la vez que produce conductas distorsionadoras.
Por ultimo, el reto más grande para todos sigue siendo la
migración mal controlada que acaba perjudicando gravemente
la vida de millones de personas que sueñan con una mejor
calidad de vida.
Hay pruebas crecientes
de que más de la mitad de la población migratoria
está compuesta de mujeres. Sin embargo, las necesidades concretas
de las mujeres no se toman en cuenta en los debates públicos
y en la formulación de políticas migratorias. Las
emigrantes tienen que hacer frente a una doble discriminación,
como mujer y como inmigrante. Aquellas mujeres que encuentran trabajos
de baja cualificación o desempeñan trabajos ilegales
en los países de destino, sobre todo en sectores no regulados
como el servicio doméstico, corren un mayor riesgo de sufrir
actos de violencia, malas condiciones laborales, explotación
sexual y mala salud reproductora.
Cuando el hombre emigra,
la mujer se queda atrás con la doble carga de ser la proveedora
principal de atención en la familia y el trabajo. Por tanto,
aumenta el número de hogares en los que la cabeza de la familia
es una mujer y que por tanto se han convertido en un segmento social
vulnerable. Cuando la mujer emigra, tiene que asumir la carga que
supone el dejar atrás a los hijos, a sus familias y a sus
comunidades. En consecuencia, la reintegración se convierte
en un problema más agudo, sobre todo teniendo en cuenta la
cultura, costumbres y tradiciones de los países de la región.
Es imperativo subrayar, sin embargo, que el fenómeno de la
migración no solamente se siente en esta región, sino
en todo el mundo.
Entre sus responsabilidades,
la comunidad global debe empezar a plantearse la cuestión
de por qué emigran las mujeres en primer lugar. Las causas
evidentes son la falta de oportunidades y la discriminación
en los países de origen.
Lo que aportan de verdad
las mujeres emigrantes a sus países de origen en lo que se
refiere a remesas financieras se ha pasado, mayormente, por alto.
Ellas contribuyen a mejorar la calidad de vida subiendo el nivel
de la misma, abriendo el acceso a sus familias a la sanidad y a
la educación.
Según han demostrado
los estudios realizados, cuando la mujer puede ejercer control sobre
sus remesas, ella dedica más dinero a sus hijos. En comparación
con el hombre, remite un mayor porcentaje de sus ingresos a su familia.
Sin embargo, debido a la discriminación y a la falta de acceso
a servicios bancarios y de crédito, su capacidad para hacer
decisiones de carácter financiero es muy reducida.
La migración
divide a la familia, la mujer corre más riesgos y las políticas
restrictivas de los países de destino obligan a los inmigrantes
a optar por alternativas que los sitúa fuera de la ley. La
inmigración ilegal, por tanto, se ha convertido en un reto
inmenso para muchos países. Es menester adoptar medidas concretas
para luchar contra este fenómeno. Es esencial que los países
de origen lleven a cabo una campaña para difundir ampliamente
las reglas de entrada, residencia y empleo en los países
de destino. Por otra parte, los países de origen pueden ofrecer
alternativas a la emigración haciendo frente a la discriminación
de género y ofreciendo oportunidades a la mujer.
Los países de
destino tienen un papel que jugar, contribuyendo a que la mujer
tenga igualdad de oportunidades para la inmigración legal
y eliminando normas discriminatorias. Estas medidas pueden reducir
la explotación, la inmigración ilegal, el contrabando
y el tráfico de mujeres y niños.
En consecuencia la Internacional
Socialista de Mujeres:
reconoce la invalorable
contribución de las inmigrantes tanto al país de destino
como al de origen;
observa que las
inmigrantes corren riesgo de ser víctimas del tráfico
y de abusos humanos;
subraya que debido
al carácter restrictivo de las políticas de inmigración
y a la falta de igualdad de oportunidades para emigrar de una forma
segura y dentro de la legalidad, la mujer es víctima de reclutadores
para trabajos ilegales, lo que conduce a la explotación y
al tráfico de mujeres;
hace un llamamiento
a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
a formular e implantar políticas que tengan en consideración
las necesidades concretas de la mujer;
apela a la OIM
a que ayude a los países anfitriones a instituir normas para
regular los flujos migratorios y a contribuir en la creación
de oportunidades para la inmigración laboral dentro de la
legalidad que sea una alternativa efectiva a la inmigración
ilegal;
insta a la Organización
Mundial del Comercio (OMC) a que tome medidas para que en todos
los convenios comerciales la ayuda al desarrollo enfoque las cuestiones
de género en las migraciones internacionales;
hace un llamamiento
a Naciones Unidas a que urja a sus estados miembros a ejercer un
mayor control de la migración internacional, aumentando los
beneficios y disminuyendo los riesgos, por medio de acuerdos bilaterales;
da la bienvenida
a la iniciativa del primer Forum Global sobre Migración y
Desarrollo (9 - 11 de Julio de 2007, en Bélgica) y recomienda
encarecidamente que las cuestiones de género sean incluidas
en el marco de trabajo;
apela a la Comisión
Mundial sobre Migraciones Internacionales (GCIM) a asegurar que
las cuestiones de género de la migración son incorporadas
en toda política de desarrollo;
hace un llamamiento
a los gobiernos, especialmente a aquellos de países de destino,
a que ratifiquen la Convención Internacional de la ONU sobre
la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios
y de sus Familiares;
Finalmente, la Internacional
Socialista de Mujeres hace un llamamiento a los partidos miembros
de la Internacional Socialista a abogar por iniciativas parlamentarias
y gubernamentales que resulten en la implementación de leyes
y planes de acción nacionales dirigidos a facilitar la integración
de los inmigrantes con especial atención en el género.
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