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El vih-sida es una
epidemias mundial que amenaza la seguridad social y económica,
la productividad y el desarrollo. Hacia finales del año
dos mil, había en el mundo 36,1 millones de hombres, mujeres
y niños afectados de vih-sida y 21,8 millones que habían
muerto a causa de esta enfermedad.
En todas partes, el
impacto del vih-sida en mujeres y niños constituye una
gran preocupación, pero mucho más en el mundo subdesarrollado.
Es un problema devastador, especialmente en el África subsahárica.
Las mujeres infectadas
tienen menos acceso a la terapia y menor esperanza de vida que
el hombre, y en ellas el diagnóstico es más tardío
que en el varón. La violencia contra la mujer es el mayor
causante de la propagación del vih-sida. Por consiguiente,
en el contexto de la lucha contra el vih-sida, es necesario abordar
la violencia basada en las diferencias del género. Mientras
la mujer no tenga acceso al control de su sexualidad, no se alcanzarán
progresos en el combate contra el vih-sida. Las mujeres deberían
no sólo saber sino también sentir que la sociedad
las apoya cuando ellas se niegan a la relación sexual indeseada
y sin protección.
La vulnerabilidad de
las mujeres africanas ante el sida va fuertemente ligada al hecho
de que ellas se ven subordinadas a valores tradicionales y culturales
que las relegan al fondo de la pirámide socioeconómica.
Todavía son
objeto de discriminación quienes sufren de vih-sida. La
lucha contra el estigma es un imperativo de los derechos humanos,
como asimismo, un valor instrumental para combatir la denegación
y la vergüenza.
Por consiguiente, la
Internacional Socialista de Mujeres llama a los gobiernos a:
- hacer conciencia
pública sobre el vih-sida y a difundir la
información al respecto;
- ofrecer con
rapidez programas eficaces de prevención que vayan dirigidos
a las mujeres, especialmente a aquellas que viven en áreas
rurales;
- garantizar
a la mujer infectada de vih-sida acceso igualitario
a la medicina y la atención médica, y dar atención
preferente al tratamiento de las mujeres embarazadas y los recién
nacidos de madres con vih positivo;
- difundir los
procedimientos guía (distribución gratuita de
preservativos, educación pública, reducción
cuantitativa del concúbito) y las intervenciones exitosas,
traducidas al lenguaje local, a fin de facilitar su puesta en
práctica;
- rebajar -
mediante el diálogo constante con las compañías
farmacéuticas- el precio de los medicamentos para la
terapia antiretroviral; estimular la investigación
y el desarrollo internacionales, y
- alimentar
un fondo para tales efectos y para la elaboración
de vacunas contra el vih-sida.
Finalmente, la Internacional
Socialista de Mujeres se compromete de manera total a trabajar
con gobiernos, ONGs y las Naciones Unidas, en prenda de su reconocimiento
de que sólo un programa de envergadura mundial puede ser
realmente eficaz para combatir la pandemia del vih-sida.
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