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La seguridad
humana significa vivir en paz, en libertad, en respeto de la dignidad
de todos. Concierne a los individuos, a las comunidades y también
al estado. La seguridad humana incluye proteger a las personas frente
a amenazas y situaciones peligrosas y, al mismo tiempo, investirlas
de poder para que actúen en su propio nombre. La seguridad
humana es más que la ausencia de violencia y conflicto: abarca
derechos humanos, buena gobernanza, acceso a la educación,
al trabajo remunerado y a la salud.
A pesar de que la paz y la seguridad humana se consideran
valores universales, siguen presentándose conflictos en diferentes
partes del mundo, y la pobreza y la pobreza extrema continúan
afectando a casi la mitad de la población mundial. En el
comienzo del siglo XXI cerca de sesenta países padecen situaciones
de conflicto o están apenas saliendo de ellas. Existe un
vínculo directo entre conflictos y pobreza: la mayoría
de los países en conflicto, tanto doméstico como internacional,
se cuentan entre los más pobres.
La naturaleza de los conflictos ha cambiado en las
últimas décadas, sus fronteras son cada vez menos
definidas y aunque la mayoría de los conflictos son domésticos,
los países y regiones vecinos también se ven afectados.
En los conflictos recientes los civiles están cada vez más
en el centro de la confrontación y ha habido también
un incremento en la violencia de género, desde el abuso sexual
hasta la violación sistemática, desde la prostitución
forzada hasta los embarazos forzados, así como una violación
continua de los derechos humanos de la mujer. Lo anterior se debe
a que se considera a las mujeres como portadoras de la identidad
cultural; por lo tanto la violencia de género conlleva un
mensaje político y simbólico y la violencia sexual
y la violación se han convertido en una estrategia de guerra.
Debido a estas nuevas características del conflicto
violento, existen pocos mecanismos para proteger a las mujeres y
a las niñas atrapadas en medio de la confrontación.
Por lo tanto resulta todavía más imperativo poner
freno a los conflictos y fortalecer su prevención y la construcción
de la paz. Estas tareas recaen principalmente en manos de las instituciones
nacionales, regionales e internacionales, en primer lugar las Naciones
Unidas, cuya autoridad debe reforzarse y ser reconocida por todos
sus
estados miembros. La prevención del conflicto
también significa entender y afrontar sus causas, entre las
cuales predominan la pobreza y las privaciones sociales que a su
vez constituyen terreno fértil para otras causas, tales como
las divisiones culturales y la inestabilidad política y económica.
En tiempos de conflicto la acción humanitaria
implica proteger a las personas en el campo de guerra; sin embargo
en años recientes esto se ha hecho cada vez más complejo
pues con frecuencia es difícil distinguir entre la intervención
humanitaria y la intervención política y militar.
Las decisiones sobre intervenciones militares deberían ser
tomadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y ser
puestas en práctica en el marco del derecho internacional.
El sistema legal internacional, tanto como el Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, debe ser reformado y desarrollado. La acción
humanitaria no debería convertirse en un pretexto para la
intervención militar, pero tampoco puede disminuirse ni cancelarse
a causa de este riesgo. La acción humanitaria debe estar
guiada por una aproximación basada en los derechos humanos
y debe afrontar las necesidades esenciales de la población
en cuanto a alimentos, agua, servicios sanitarios y refugio.
Las mujeres continúan teniendo poco acceso a
la protección y a la asistencia ya que la ayuda humanitaria
con frecuencia no les llega. La acción humanitaria debe abordar
las necesidas específicas de la mujer, especialmente respecto
de su cuidado físico y psico-social. La utilización
de la violencia sexual como un arma de guerra deja traumatizadas
a las mujeres y ha contribuido a la diseminación de infecciones
de transmisión sexual, particularmente el VIH/SIDA. No sólo
se requiere tratamiento médico sino también educación
e información sobre prevención para todas las afectadas
y aquellas amenazadas o en situaciones de riesgo, incluyendo aquellas
que viven en campos de refugiados y las desplazadas internamente.
Debe prestarse atención al comportamiento sexual de los hombres
mientras ellos sean los principales transmisores de la infección
VIH / SIDA.
Una
consecuencia grave de los conflictos armados es la enorme movilización
de personas que huyen de la guerra, las violaciones de los derechos
humanos y la discriminación étnica. La mayoría
de personas refugiadas, retornantes o desplazadas internamente son
mujeres y niños que son víctimas de la discriminación
y el abuso de derechos humanos como reflejo de la discriminación
tradicional, pero también a causa del debilitamiento de los
mecanismos de protección de la comunidad y la familia.
A fin de crear una cultura de prevención más
que de reacción, deben tomarse medidas concretas encaminadas
a establecer un sistema de alerta y respuesta tempranas. El primer
paso es hacer frente a las causas de fondo del conflicto. Las violaciones
"de género", incluyendo la violación, el
tráfico
y la prostitución relacionada con las fuerzas
armadas pueden ser indicadores de un posible conflicto. Otros indicadores
son la presencia decreciente de mujeres en la sociedad civil organizada
y en los partidos políticos, así como los altos niveles
de violencia doméstica, como era el caso de Afganistán.
Las misiones de investigación en las áreas de conflicto
potencial deberían recurrir a la pericia de las organizaciones
de mujeres.
La prevención y la resolución de conflictos
por medios que no sean militares resultan entonces más urgentes
que nunca. Resulta entonces esencial que las mujeres sean incluidas
en el análisis, el dise–os de políticas y las negociaciones
puesto que ellas están, probablemente más que los
hombres, preparadas para iniciar y mantener un diálogo y
para intentar nuevas vías, y puesto que las mujeres no están
atrapadas en el comportamiento tradicional de confrontación.
Existen muchos ejemplos, desde Irlanda del Norte hasta las campañas
contra las minas antipersonal. Sin embargo, dichas iniciativas no
son con frecuencia reconocidas, algunas veces se las desacredita
o simplemente se ridiculizan.
El fin de los conflictos violentos no asegura la paz
y la seguridad. La transición del conflicto hacia la paz
es un proceso difícil, que no sigue un curso lineal. Comprende
diversos pasos y etapas: alivio humanitario, rehabilitación,
reconstrucción, fomento de la reconciliación y de
la coexistencia y apoyo al desarrollo de la democracia. Hasta ahora
ha sido limitada la participación de las mujeres en los procesos
formales de paz. Sin embargo, las mujeres pueden desempe–ar un papel
importante en dar forma a e implementar acuerdos de paz. Es por
esto que resulta tan esencial implementar la Resolución 1325
del Consejo de seguridad sobre Mujer, Paz y Seguridad.
La ISM encomienda al Secretario General de la ONU para
la nominación de Jane Holl Lute al cargo de Asistente del
Secretario General para las Operaciones de Mantenimiento de la Paz
y acoge los exitosos esfuerzos del ACNUR para ajustar su trabajo
a las necesidades de las mujeres refugiadas.
La ISM acoge la entrada en vigor tanto de la Convención
de Naciones Unidas con la delincuencia organizada transnacional
y el Protocolo adjunto sobre la trata de personas, especialmente
mujeres y niños. Estos documentos legalmente vinculantes
son herramientas importantes que ayudarán en la protección
y en la lucha contra el tráfico de personas -especialmente
mujeres y niños-, en la protección y asistencia a
las víctimas y en el fomento de la cooperación entre
estados para lograr estos objetivos.
Asegurar la estabilidad y la seguridad humana es el
primer paso en la reconstrucción de un país o una
región después del conflicto. Incluso después
de declarada la paz, las mujeres continúan amenazadas por
la militarización y la cultura de la violencia que persisten
en situaciones de post-conflicto. Debe asegurase la participación
igualitaria de las mujeres en todas las etapas de las negociaciones
de paz y en el proceso de
reconciliación. Después de finalizado
un conflicto, los hombres con frecuencia se adjudican a sí
mismos tanto trabajos como oportunidades en la sociedad y asumen
el dominio en la reconstrucción de su comunidad. No se brinda
igualdad de oportunidades a las mujeres para que tomen parte en
la reconstrucción de su comunidad. Las agencias de asistencia
y de desarrollo deberían incluir la educación y el
desarrollo del potencial económico de las mujeres en los
programas de posguerra. Debe reconocerse en todas las políticas
la igualdad de género y los derechos humanos de la mujer,
al igual que sus derechos políticos, sociales y económicos.
La
salud y la seguridad humana son vitales para la supervivencia humana.
La buena salud y la seguridad humana dependen de la paz y del desarrollo.
El desarrollo es importante para el fomento de la educación
básica, especialmente de mujeres y niños. La
educación es el más importante "recurso"
para investir de poder a las mujeres y para el desarrollo de una
comunidad. Invertir en educación básica para las niñas
y mujeres ayuda a promover la salud y la seguridad de las niñas,
de las mujeres y de todos. La capacidad de leer y escribir mejora
la calidad de vida y afianza la seguridad de las personas. La educación
sin el sesgo del género brinda libertad a través del
conocimiento y ayuda a promover la seguridad humana.
La Internacional Socialista de Mujeres, por lo tanto,
recuerda en particular las siguientes Convenciones internacionales:
á La Convención de Naciones Unidas
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer (CEDAW) del 18 de diciembre de 1979, la Declaración
de Naciones Unidas para la eliminación de la violencia contra
la mujer del 20 de diciembre de 1993, y la Convención de
Naciones Unidas sobre los derechos del niño, del 20 de noviembre
de 1989;
á la Convención de la Asamblea General
contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes,
del 10 de diciembre de 1984, y la Declaración 3318 de la
Asamblea General sobre la protección de la mujer y el niño
en estados de emergencia o de conflicto armado, del 14 de diciembre
de 1974, en particular el párrafo 4 que hace un llamamiento
por medidas efectivas contra la persecución, la tortura,
la violencia y el trato degradante de mujeres;
á la
Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción resultante
de la Cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer,
llevada a cabo del 4 al 15 de septiembre de 1995, en particular
la esfera de especial preocupación E sobre Mujeres y conflicto
armado;
á el documento final de la Sesión Especial
de la Asamblea General de la ONU, Beijing+5, sobre otras acciones
e iniciativas para
implementar la Declaración de Beijing y la Plataforma
de Acción, llevada a cabo del 5 al 9 de junio de 2000, en
particular sobre obstáculos para la participación
igualitaria de la mujer en los esfuerzos de construcción
de la paz, y sobre la balanza de género 50/50 en las misiones
de paz y las negociaciones de paz y
á el informe del Comité del Parlamento
Europeo para los Derechos de la Mujer y de Igualdad de Oportunidades
sobre la participación de la mujer en la resolución
pacífica de conflictos.
Además la Internacional Socialista de Mujeres
hace
un llamamiento por el mejoramiento de los sistemas de justicia mediante el fortalecimiento
de los procedimientos y mecanismos para la investigación,
la denuncia, la interposición de acciones judiciales y el
fin de la violencia contra las mujeres en situaciones de guerra
y otros conflictos, así como por la consideración
de la violación como un crimen de guerra que debe ser prevenido,
perseguido y penalizado por la justicia internacional;
observa que el 80% de los refugiados del mundo
son mujeres y niños y que el 90% de las víctimas de
las guerras son ahora civiles, principalmente mujeres y niños,
y que una amplia gama de estudios demuestra que la movilización
de soldados varones Đtanto de facciones guerreras como de los cuerpos
de paz- contribuye al aumento de la prostitución alrededor
de las bases militares y los campamentos de ejércitos, incrementando
subsecuentemente la prostitución infantil y la propagación
de enfermedades de transmisión sexual;
anima a los periodistas, en particular mujeres,
a equilibrar cuidadosamente sus reportajes sobre el conflicto armado
y al hacerlo a proyectar una imagen objetiva y humana, en contraste
con la proliferante presentación belicosa y parcial de dichos
conflictos;
hace un llamamiento por la protección
de las personas refugiadas o desplazadas internamente, prestando
especial atención a las mujeres y niñas a fin de abordar
sus necesidades específicas y asegurar un acceso igualitario
a la asistencia humanitaria;
observa que los servicios de salud deben
abordar los derechos sexuales y reproductivos incluyendo programas
para combatir y prevenir el VIH/SIDA que afecta desproporcionadamente
a mujeres y niñas. Considera un derecho fundamental
el acceso a los medicamentos para combatir esta enfermedad, y pide a los países y las organizaciones internacionales
que introduzcasn medidas para garantizarlo;
enfatiza que el apoyo médico y psico-social
para mujeres y niñas sexualmente abusadas en periodos de
conflicto o de post-conflicto debe garantizarse como una intervención
prioritaria;
solicita enérgicamente la
participación de las mujeres en el mantenimiento de la paz,
en la diplomacia preventiva y en todas las etapas de la mediación
y la negociación en procura de la paz;
hace un llamamiento al Secretario
General de la ONU para que incremente el número de mujeres
en las funciones relacionadas con la paz, tales como los Representantes
Especiales y los Enviados, comenzando con un mínimo de 30%.
En el contexto de una intervención de las Naciones Unidas
como fuerza de paz y acción humanitaria, la prevención
de violaciones y agresiones masivas de mujeres y niñas debe
ser una prioridad, y deben tomarse medidas para evitar y prevenir
dichos abusos en todos los conflictos internacionales y regionales.
La persecución por razones de género debe ser considerada
un motivo para la concesión del derecho de asilo;
observa que la igualdad de género y la
transversalidad de la perspectiva de género necesitan ser
contempladas en todas las áreas y aspectos de la reconstrucción
de países y regiones en etapa de recuperación después
de un conflicto, otorgando también acceso igualitario a los
recursos y a la capacitación, así como prioridad a
la educación de las mujeres y las niñas;
subraya que las instituciones locales,
nacionales, regionales e internacionales deben fortalecer el papel
de la mujer en la prevención y resolución de conflictos
y en la construcción de la paz, as’ como establecer sistemas
de alerta temprana (incluyendo sistemas específicos de género)
para monitorear situaciones potenciales de crisis;
respalda decididamente la propuesta de la Comisión
sobre Seguridad Humana de ubicar la seguridad en el primer lugar
de las agendas locales, nacionales, regionales y globales a fin
de prevenir y resolver el conflicto y avanzar en cuanto a derechos
humanos y desarrollo para proteger a las personas y comunidades
e investirlas de poder.
Finalmente,
la Internacional Socialista de Mujeres urge a los gobiernos para
reorientar progresivamente al menos un 5% del gasto militar nacional
hacia programas de salud, educación y empleo, encaminados
a eliminar la desigualdad de género en la sociedad y a desarrollar
el pleno potencial de las mujeres mediante el fomento y la protección
de sus derechos políticos, sociales y económicos.
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