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Para las mujeres, el
derecho al trabajo remunerado es uno de los derechos sociales
fundamentales. Al mismo tiempo es una necesidad económica
que asegura su independencia individual.
El hecho de que este
derecho no está plenamente reconocido, implica que las
mujeres deben combinar su trabajo en el hogar con su trabajo remunerado,
ya que no existen suficientes políticas públicas
para el cuidado de los niños y ancianidad ni los hombres
han sido incorporado suficientemente a las tareas de hogar. La
doble jornada que resulta de ello tiene consecuencia sobre su
salud, sobre su capacidad de promoción laboral y su reconocimiento
social y político. Este hecho resulta especialmente grave
en las áreas rurales y en los pequeños pueblos.
Estudios recientes
sobre el número de horas que semanalmente trabajan tanto
mujeres como hombres, muestran que, si se toma en cuenta el tiempo
de trabajo remunerado y el de trabajo sin remunerar, las mujeres
trabajan muchas más horas por semana que los hombres. En
el caso de las mujeres, el promedio del trabajo remunerado representa
un tercio del total (tres cuartos del total para los hombres),
en tanto que el trabajo no remunerado representa los otros dos
tercios (un cuarto para los hombres).
Esta situación
vulnera los derechos sociales de las mujeres y amenaza seriamente
su salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define
la salud como una situación de bienestar físico,
psicológico y social. La OMS señala el derecho de
toda persona a gozar de protección sanitaria básica.
Es responsibilidad del Estado proteger la salud de todas las personas.
Dado que las mujeres ya padecen una situación prolongada
de desigualdad, los parlamentos, gobiernos y ONGs deben promover
los servicios de salud y la investigación en cuestiones
relacionadas con la salud que se basan en un enfoque de género
y sexo específico, y que promocionen las políticas
globales desarrolladas para vencer esta desigualdad. Es fundamental
exigir del Estado todas aquellas prestaciones sociales necesarias
para atender a la infancia y a las personas que las mujeres por
costumbre tienen a su cargo.
La Plataforma de Acción,
de Pekín (1995), establece que la desigualdad en los derechos,
especialmente la sobrecarga en el trabajo de las mujeres es un
de los principios obstaculos para que las mujeres puedan alcanzar
niveles optimos de salud. Por otra parte, la violencia contra
la mujer y particularmente la violencia doméstica es considerada
hoy en día por la OMS (Informe de 1998) como una cuestión
social y un problema de salud pública. No hay que olvidar
tampoco los graves problemas ligados a la propagación del
SIDA, a los asesinatos de mujeres, ni los problemas físicos
y psicológicos debidos al abuso en el consumo de drogas
y de alcohol.
Otro modelo de la familia
es necesario: una familia o familias en las que todos sus miembros
gocen de los mismos derechos fundamentales y merezcan el mismo
respeto como personas. Una familia que establezca un nuevo pacto
de convivencia, y donde se repartan tanto las tareas del hogar
como el trabajo remunerado. Es fundamental que se aprenda a resolver
los conflictos mediante el diálogo y la negociación.
Por otra parte hay que ofrecer más recursos a las familias
en las que las responsabilidades del cuidado quedan en manos de
la mujer únicamente. No olvidemos que la pobreza afecta
fundamentalmente a las mujeres.
Por consiguiente, la
Internacional Socialista de Mujeres hace un llamamiento a los
gobiernos para que:
garanticen
el derecho a la salud integral, centrada en la atención
primaria y adopten políticas que posibiliten el
acceso y la utiluzación equitativa de servicios de forma
que compensen las desigualdades sociales y regionales;
reconozcan
que el trabajo excesivo, la carencia de tiempo y de descanso son
causa de muchas enfermedades físicas y mentales, y de mucho
malestar, hechos todos que impiden el pleno desarrollo al que
todo indivduo tiene derecho;
se lleven a
cabo investigaciones sobre horarios y condiciones de trabajo de
hombres y mujeres y evalúen los avances que ha habido
en este terreno;
tomen las medidas
legislativas necesarias para incorporar el trabajo de la mujer
en el hogar en las cuentas nacionales;
organicen campañas
para la toma de conciencia de la necesidad de que los hombres
desempeñen igual papel que la mujer en la crianza de los
niños y en el trabajo doméstico;
adopten las
medidas necesarias que hagan factible a toda familia -cualquiera
sea su estructura- su acceso a los servicios de apoyo, entre los
que deberían contarse los de puericultura (salas-cunas,
guarderías infantiles, centros nutricionales), las del
cuidado de la ancianidad, (seguridad social y centros de cuidados
geriátricos), y de las licencias maternales y paternales
que puedan ser adaptadas a las responsabilidades profesionales
(subsidio por licencia familiar y parental), como asimismo, promoven
otras medidas destinadas a apoyar a las familias que tienen cargas
familiares, como menores, personas de edad y las personas minusválidas;
y
se dote a las
áreas rurales de infrastructura social y del equipamiento
necesario para asegurar la apertura e integración de las
áreas rurales.
Finalmente, la Internacional Socialista de Mujeres se compromete
a apoyar las acciones de los gobiernos y organizaciones que se
dedican a combatir la pobreza y que luchan para mejorar la salud
de las mujeres alrededor del mundo.
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