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La Internacional Socialista
de Mujeres (ISM) reconoce que el nuevo milenio que se inicia en
un contexto de globalización económica y profundización
de las desigualdades se caracteriza por la persistencia de todo
tipo de violencias y por la escasa presencia de mujeres en los
lugares donde se toman las decisones políticas que afectan
a toda la ciudadanía. La ISM expresa su profunda preocupación
ante ambos fenómenos que están estrechamente relacionados
y expresa su voluntad de contribuir activamente en la construcción
de la Cultura de la Paz, tal como resulta de la resolución
de Naciones Unidas y de la Plataforma de Acción de Beijing.
La ISM dice no a la
violencia en todas sus formas. Hay que acabar con una dinámica
económica y política que aumenta las desigualdades
bajo formas cada vez más eficaces y potentes de explotación.
Hay que acabar con las prácticas violentas que se producen
en todos los ámbitos de la vida personal y colectiva, desde
la violencia doméstica contra las mujeres, las violaciones
sistemáticas en tiempos de guerra hasta la aplicación
en muchos países de la pena de muerte. Hay que luchar contra
una cultura patriarcal y violenta que invade el mercado y la educación,
las empresas y las relaciones personales y que en muchas ocasiones
estalla militarizando la vida de los pueblos.
En la actualidad las
guerras causan un 70% de sus víctimas entre las poblaciones
civiles y sus consecuencias inmediatas, (hambrunas, enfermedades,
migraciones masivas, etc.), afectan a la mayoría de la
ciudadanía de cualquier país en conflicto y sobre
todo a las mujeres, las/os niñas/os y las/os ancianas/os
que están a su cargo. Las guerras, además de las
pérdidas de vidas humanas y económicas que producen,
destruyen el futuro de generaciones enteras, por lo que se han
convertido en una cuestión que atañe a toda la ciudadanía.
Las guerras son una cuestión civil que afecta a todos los
ciudadanos y con particular énfasis a las mujeres que apenas
tienen poder de decisión sobre los asuntos colectivos.
Es por eso que en lugar de la cultura patriarcal y violenta hay
que construir una auténtica Cultura de la Paz.
Las mujeres que no
disponemos de la capacidad de decisión en los asuntos colectivos,
que no gobernamos, que no participamos de los beneficios del desarrollo
y apenas estamos en el mundo de lo público y que sumamos
el deber de cuidar a las familias y a las/os ancianas/os, debemos
intervenir en las decisiones que hoy toman unos pocos y que afectan
a millones, mediante nuestra presencia en todos los ámbitos
de la vida colectiva y sobre todo en los lugares donde se toman
las decisiones que afectan negativamente a la vida de todos.
Con el fín de
incorporar nuevos valores a la vida política, nuevas formas
de solucionar los problemas y contribuir con nuestra fuerza y
nuestro saber a erradicar todas las formas de violencia y de discriminación
contra las mujeres y así crear un mundo en paz, las mujeres
tenemos que compartir el poder.
Las mujeres conocemos
el valor de la vida y sabemos el cuidado que requiere que ésta
se desarrolle adecuadamente, de la dificultad y el esfuerzo que
demanda educar para que los seres humanos lleguen a desarrollarse
en plenitud. Para ello nos pronunciamos colectivamente contra
una cultura patriarcal que hace de la competencia su método,
de la acumulación de riqueza su objetivo y de la virilidad
entendida como autoafirmación ante los débiles su
bandera. Esta cultura que concibe a las personas, mujeres, hombres
y niñas/os, como objetos o mercancías, que destruye
los vínculos de solidaridad y calor, sin los cuales es
imposible vivir como seres humanos plenos, y que fomenta un odio
en espiral que parece llevar a la locura colectiva, corroe los
cimientos de toda sociedad al destruir el medio ambiente en el
que el ser humano pudiera llegar a desarrollarse como un adulto
capaz y libre.
Para ello la ISM:
Exige
a los partidos miembros de la Internacional Socialista a que adopten
dentro de sus estatutos y cartas orgánicas medidas que
los comprometan a la profundización de la democracia paritaria
en todos los niveles dentro de sus partidos, y dentro de los órganos
de representación de la IS, mediante la cuota y la alternancia
de los sexos en las listas electorales como con la ley de paridad
electoral aprobada en Francia;
Urge
a los gobiernos a que impulsen la paridad en sus instituciones
representativas y en sus órganos de gestión y decisión
para asegurar la solución política de los conflictos
y para garantizar el fin de la violencia como única forma
de abordar la resolución de conflictos;
Insta
a los gobiernos a que, como instrumento para afrontar conflictos,
establezcan en la vida colectiva de las/os ciudadanas/os los principios
que tengan en cuenta, en primer lugar, la centralidad de la persona
y de sus derechos humanos inalienables y, en segundo lugar, que
afirmen una y otra vez los valores de la diversidad como enriquecimiento
colectivo y del dialogo y el pacto como normas de conducta;
Se compromete
a crear espacios de encuentro protegidos para que las
mujeres que pertenecen a países o grupos en conflicto puedan
trabajar de forma conjunta tanto para la prevención de
los conflictos como para su solución dialogada;
Se compromete
a ofrecer su capacidad mediadora en forma de respuesta rápida
y puntual para asistir a nuestras organizaciones miembros ante
el inicio de conflictos según los principios de la diplomacia
preventiva;
Se compromete
a sumar sus esfuerzos al de todas las organizaciones y movimientos
que trabajan por extender y profundizar en la Cultura de la Paz.
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